Veo que ladran los rabiosos
y las sombras me persiguen
que es la muerte quien me elije
en mi sueño ponzoñoso
que las nubes lloran sangre
que me quema las mejillas
y en mi pecho hay astillas
y gangrenas que me invaden.
¡Corre! -me grito a mí mismo-
y espero la voz salga
¡Corre! ¡Que no tienes alas
para escapar de este abismo!
Pero los pies no reaccionan
solo los ojos se mueven
de temblar ante la muerte
que se acerca con las horas,
ante el frío del puñal
es que miran con delirio
en la Luna los amigos
que se salen del mural,
presenciando que el destino
va dictando su sentencia,
sin embargo, se evidencia,
que era solo el sueño mío.
Y se caen las cadenas
se disipa la ponzoña
y todo lo que me agobia
se arrodilla ante mis piernas,
aquí fluyen los poemas
por las sombras hechas ninfas
que me curan las heridas
con el toque de sus yemas,
que no acabe la ilusión
que no salga de este trance
pues allá soy personaje
pero... aquí, yo soy el dios.
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